Amor, música y trapo   Cada uno tiene su lugar asignado, no trabajan en oficinas ni tienen u...

Historias para contar

                                             Amor, música y trapo

 Cada uno tiene su lugar asignado, no trabajan en oficinas ni tienen un sueldo fijo. Lavan y cuidan autos a cambio de dinero, ya que siempre hay un vehículo lleno de polvo en el que ven una oportunidad.

 Allí están, en la calle, cada uno por alguna razón distinta y desafiando las realidades que les tocan vivir. Hay quienes son reservados y no quieren ser molestados cuando laburan, pero otros ven en uno la posibilidad de desahogarse, expresarse, encontrar una compañía y contar sus historias.

 "Yo quedé en la calle por una mina", decía un trapito en la Plaza Belgrano que se había acercado a escuchar la música que unos jóvenes compartían. Esa noche, el chico de los trapos contó su historia, consiguió amigos y, hasta tocó la guitarra.

 Su forma de tocar era peculiar, con una guitarra para diestro haciéndola sonar como zurdo. Entre tema y tema contó que extrañaba hablar a través de las cuerdas y que él aprendió del arte en la iglesia.

 La noche se difuminó en canciones y charlas, todos los pibes comenzaban a emprender el viaje hasta sus casas. "¿Para dónde vas?", le preguntaron al zurdo. Él señaló con la vista la esquina de French y Paraguay y dijo: "A tirarme un rato, allá tengo unos cartones".

Timoteo Camps

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